Escúchenme, por favor!!!

Juro señores, y por piedad escúchenme. Antes de disparar aquella noche la AR15 y vaciar su tambor de 100 proyectiles sobre los dos sujetos que ustedes ya saben, me mordí los labios con fuerza y cerré los ojos ante la impotencia de tener que recurrir a ella, a la fría AR15 que años atrás adquirí con la ilusión vana, como todo humano vano, de nunca tener que usarla, salvo para defenderme y responder a todo ataque de algo fuera de toda dimensión, tal me sucedió esa noche, cuando los ahora occisos, que sus madres por cierto lloran, tocaron a la puerta de casa con el cañon de su elegante .357, uno y de la vulgar .38, el otro. Yo, reitero y juro, me encontraba en paz con mi nieta. Jugábamos a la comidita, y ella, prístina y diáfana niña, con sonrisa de ángel, preparaba pastelitos de ilusión y cafes de fantasia, los cuales me servia sin pausa uno tras otro, hasta cuando aquellos golpes secos en la puerta. Señores, si yo, la víctima, ignoro si se lo merecían, menos van a saber ustedes, sin nieta, sin juego de comidita, sin golpes secos en la puerta, sin bandidos al acecho... y sin AR15; sin embargo, haberlos visto ahí, abatidos bajo el umbral de la puerta, no hace mas que revivir mis primeros muertos, cuando la guerrilla, y yo con 7 años apenas...

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