Paco y la luna!
Saben ustedes, no siempre la luna fue tal como hoy la conocemos. De hecho, no hace mucho tiempo era apenas una melancólica y triste esfera gris que a regañadientes rondaba noche tras noche alrededor de la coqueta tierra. Sí, la luna era una dama cenicienta, no muy feliz que se diga, pues siempre veía a esta otra, la tierra, presumiendo los azules de sus océanos y sus cielos, tanto como los esplendorosos verdes de sus abundantes bosques que la cubrían. La tierra fulguraba en el espacio con luz y vida en tanto ella, la luna, se veía a sí misma como la simple y triste esfera de mil cráteres, arenas y polvorientas cenizas grises en el rostro; además, se sabía incapaz por completo de escabullirse siquiera por un instante y liberarse, una vez había sido condenada a permanecer rondando eternamente en rededor de aquella. Sí, sin libertad, sin posibilidades de elegir y recorrer su propio camino y ni siquiera poder voltear su cara para ver hacia otro lado con tal de no sufrir más vi...