Luego de cerca de 50 años, tuvo que abandonarla. A pesar que tan solo la necesitó durante el último, los 49 anteriores fueron un idilio de aventura, de risas y sonrisas, de amigos y de fiesta, aunque también de dolor. Juntos siempre. Sí, siempre juntos. Salvo en sus esporádicos viajes afuera del país o en sus odiseas entre la selva petenera, a donde nunca la llevaba consigo, aunque fortuitamente coincidieran allá o acá, tanto en la maravillosa cúpula del saber que a pesar de tanto no puede prestar lo que natura niega, cuando acompañaba del brazo a la formación y el desarrollo de la humanidad, o acá, cuando pisaba miles de pisadas borradas en búsqueda de lo desconocido. Han sido por lo demás casi 49 años de vida con ella de la mano o del brazo. Sin embargo, luego de tanto, llega el momento de tan poco, y de decirse adiós. Él reconoce, ella lo utilizó, y hoy, cuando sus despojos y sus rastrojos empiezan a sentir que la vida se le va, cuando la muerte misma empieza a vibrar silente y...