martes, 15 de julio de 2014

Algo respecto a Ocós (no es cuento)

Mucho antes de la llegada de los españoles a Guatemala, alrededor del año 1,500, el puerto de Ocós fungía como importante cónclave de comunicaciones y transporte para las culturas precolombinas del resto del continente, principalmente hacia el Sur, a través del extenso y bravío océano Pacífico.
De tal suerte, ante el auge que en las postrimerías del siglo XIX tomaba el comercio de diferentes cultivos propios de la zona marquense, principalmente café, y la entonces incipiente pero impostergable politica de Estado de implementar un sistema ferroviario que colocara a Guatemala a la vanguardia del desarrollo y las comunicaciones que aquellos años exigían, el 16 de agosto de 1884 se emitió el decreto gubernativo 308 que daba vida al puerto de importación y exportación de Ocós, sobre la costa del departamento de San Marcos, en Guatemala, Centro América..
Sin embargo, dicho "puerto" no contaba con tren y mucho menos con muelle. De tal suerte, y con el propósito de facilitar verdaderamente la exportación de las producciones de la región y la importación de distintas mercancías desde el viejo mundo, un grupo de empresarios ingleses, alemanes y estadounidenses, finqueros de la zona en su mayoría, se propusieron construir un muelle en dicho puerto.
Éste, dadas las cualidades de la playa sobre el Pacífico, arenosas y de poca profundidad, debió hacerse tan extenso como 433 metros de longitud, y al igual que los otros entonces construidos sobre el Pacífico guatemalteco, como el de San José, en Escuintla, y Champerico, en Retalhuleu, funcionaba mediante el fondeo de las naves en aguas profundas y luego, a través de lanchones, las mercancías eran trasegadas hasta o desde el muelle.
Fueron estos los años en que finalmente la clase acomodada del país pudo hacer un viaje más cómodo y rápido desde la ciudad capital hasta el departamento de San Marcos, pues mediante carreta tirada por caballos se recorría el primer tramo desde la ciudad hasta Escuintla; luego, a bordo del tren, hasta el puerto de San José, donde se abordaba un vapor hacia el puerto de Ocós, y, finalmente, desde este, a lomo de caballo o mula se recorrían los kilómetros necesarios hasta el destino final, generalmente las casas patronales de las extensas fincas cafetaleras de la zona.
Entre tanto, el gobierno central proseguía con la labor de implementar la red ferroviaria nacional, aunque ni remotamente se preveía llegar aún hasta aquellos remotos parajes de Ayutla, Ocós y ni siquiera Coatepeque, distantes estos tanto como 250 kms de la ciudad capital.
Por lo tanto, y quizás el mismo grupo de empresarios que asumió la construcción del muelle en la década del 1880, se organizó y fundó la empresa: la Compañía de Ferrocarril de Ocós. Y construyó dicha línea ferrocarrilera. Sí. Dicha fue construida por un grupo privado, al igual que la línea entre Champerico y Retalhuleu.
Así las cosas, no sino hasta veinte años después, en 1908 para ser preciso, se inauguraba el tramo ferroviario entre Ayutla (Tecún Umán) y el puerto de Ocós.
Vale resaltar que en ese entonces tampoco llegaba aún el tendido ferroviario desde Guatemala. Es decir, el tramo entre Ocós y Ayutla, al igual que el de Retalhuleu a Champerico, eran tramos aislados del resto del sistema nacional, y no sino hasta el 1 de julio de 1915, cuando se inauguró el tramo entre Coatepeque y Ayutla, quedó entonces conectado el de Ocós con el resto del país.
Finalmente, el puerto de Ocós gozaba entonces de su título y operaba como tal. Barcos de diferentes banderas fondeaban en sus inmediaciones, y sus pasajeros tanto como sus mercancías embarcaban o desembarcan a través de lanchones y su extenso muelle, con el añadido de una línea ferroviaria.
Fortuitamente, y sin certeza alguna en las fechas, pero entre 1905 y 1915 aproximadamente, encalló en las inmediaciones del puerto de Ocós un enorme vapor, como se le llamaba entonces a los barcos. Se trataba del Sesostris, perteneciente a la naviera alemana Kosmos, que cubría las rutas sobre el Pacífico, desde Chile hasta Los Ángeles.
El Sesostris, de 3,026 toneladas de desplazamiento, era una verdadera ciudad flotante que contaba con todas las comodidades y lujo que la época disponía. De hecho, y dado que coincidentemente en el vecino México recién se prohibía el culto religioso y se había expulsado a obispos, sacerdotes y monjas, muchos de estos huyeron hacia Guatemala, y estando en Ocós, vieron en el Sesostris la magnífica oportunidad de un albergue. Ahí, a bordo del vapor encallado, vivieron durante varios meses.
Adicionalmente, y de acuerdo a publicaciones de prensa estadounidense de la época, sabemos que el Sesostris brindó energía eléctrica a la población de Ocós, con lo que esta, una comunidad aislada como lo eran la mayoría a principios de siglo en el continente americano, tuvo la dicha de contar con energía eléctrica de excelente calidad, aunque sólo fuese utilizada para iluminación, dada la situación reinante en aquel entonces. 
Sin embargo, un enorme barco como lo era el Sesostris, encallado, era una pérdida enorme de dinero, con lo que constantemente se realizaban esfuerzos de enorme dimensión para sacarlo a flote, aunque todos, una y otra vez, fracasaban. De tal, se anunció entonces al mundo la necesidad que había por sacarlo de ese enorme banco de arena que había formado y ponerlo nuevamente a flote. Inmediatamente una compañía inglesa, cuya experiencia en la mar sería redundante comentar, se ofreció a lograr el cometido.
Así las cosas, cuando el grupo de ingleses arribó al puerto de Ocós, inmediatamente tomaron nota de las mareas y flujos marítimos, y en menos de lo que canta un gallo el Sesostris se hacia nuevamente a la mar.
¡¡¡Recáspita!!!! Entre 1925 y1938, un año antes u otro después, no lo sé con exactitud, y tampoco he encontrado información confiable para precisar la fecha, el muelle del puerto de Ocós quedó en el aire. En tierra firme. Bueno, quienes conocen el sitio dirán: en arena firme. Y sí, así fue. El mar, como pensarán algunos, se retiró tanto como 300 metros de la noche a la mañana, hacia adentro del océano sin explicación lógica alguna. Champerico, ubicado a 37 kilómetros de distancia en línea recta, sobre la misma costa, no sufrió tal accidente geológico.
Luego, a partir de 1960, tuve finalmente la oportunidad, la dicha, la gloria de visitar constante y asiduamente las playas de Ocós. Semana Santa, fines de semana, feriados y días festivos eran visita obligada.
Recorrí entonces no pocas veces los restos oxidados y peligrosos de lo que otrora fuera el muelle que he comentado; muchas otras, sus esteros, la orilla del mar hasta el vecino México, de pesca por la noche y, por supuesto, nadé, brinqué y pataleé en su playa. Y luego, conocí sus nuevos faros. 
Sin embargo, su playa, siempre me llamó muchísimo la atención que a cuatro o cinco metros desde la orilla del agua presentará una “hondonada” que corría paralela precisamente a la playa. 
Era un espacio también de cuatro o cinco metros en los que una persona podía fácilmente quedar sin pisar suelo. Arena. Y era necesario entonces nadar muy bien para buscar aguas bajas. Pero luego de esos pocos metros de hondonada, mar adentro, el suelo emergía y el agua nuevamente quedaba bajita, alcanzando apenas unos cuantos centímetros. Cinco o diez, a lo sumo, aunque no pocas veces quedaba totalmente seca por algunos instantes. Por supuesto, conforme llegaban las olas o incursionaba poco más, la profundidad aumentaba, 20 centímetros, medio metro, un metro y, por supuesto, lo naturalmente profundo. Pero era fácilmente predecible y por tanto “controlable”, pues obedecía en todo caso a la marea. Por supuesto, para retornar a la orilla, a la arena seca, había que atravesar dicha “hondonada” nuevamente.
No era perenne. Hubo años, muchos, en las que no estuvo. Empezó a surgir, a formarse, quizá en 1980, 1985. Pero tampoco era perenne entonces. Algunas veces estaba y otras no. Siempre pensé que era formada por la corriente del río Naranjo, el cual desembocaba en aquella época cerca de 500 ó 700 metros a la izquierda de dicho puerto. Hoy está a menos de 100 metros.
En 1985, septiembre fatídico. Sí. Entre el 5 y el 15 de septiembre de 1985, pocos días antes del terremoto en el DF de México, una fuerte marejada en Ocós arrastró cientos de toneladas de arena de la playa. El mar se “creció” tanto que se tragó varias casas ubicadas a cerca de 35 metros de la rivera habitual durante los últimos 40 ó 50 años. Una enorme grada de cerca de dos metros y medio o tres quedó en la arena una vez el mar se retiró y calmó.
Pronto se reconstruyeron las casas que el mar arrebató, aunque se hicieron cerca de 20 metros más tierra adentro. Todo volvió a la normalidad.
Sin embargo, finalmente llegó el año de mi propia sorpresa. Sí, desde que en 1960 fui por vez primera a esas magníficas playas, el mar siempre estuvo donde había estado. Cierto invierno, poco más alto; y otro verano, pocos metros más adentro, pero siempre, durante 47 años, dentro de parámetros normales. Sin embargo, en 2007, el mar nuevamente se retiró de la orilla, alejándose tanto como otros 300 metros quizá, hacia adentro del océano.
¿Es factible ello? ¿Es posible que el mar se retire? ¿No pues el agua guarda su nivel? ¿Por qué no sucedió en esta oportunidad, como tampoco en 1950, lo mismo en Champerico? ¿Por qué la orilla del mar en Champerico se ha mantenido en el mismo sitio durante los últimos cien años cuando menos?
Efectivamente, no es el agua la que se ha retirado, pienso, sino totalmente otro accidente, plástico, como se les llama: la tierra ha emergido. Ocós, y una gran parte de su territorio circundante, han subido de nivel.
Guatemala, como sabemos, es atravesada de Este a Oeste por la falla tectónica del Motagua, desde el departamento de Izabal hasta el de San Marcos, extendiéndose luego entre territorio mexicano hasta salir al océano Pacífico y encontrarse y unirse a otra gran falla que recorre el continente americano de Norte a Sur, desde Chile hasta Alaska, y que forma parte del Cinturón de Fuego del Pacífico.
Pues bien, dicha falla del Motagua es el límite sur de la gran placa de Norteamérica, con lo que una parte de Guatemala está sobre ella y otra gran parte sobre otra placa de menor tamaño, la del Caribe. De hecho, el resto de Centroamérica y gran parte del Caribe están asentados sobre esta placa llamada del Caribe. La distante isla de Margarita, sobre la costa venezolana, se sitúa en el otro de sus extremos.
Así las cosas, Guatemala tiene entonces una parte de su territorio sobre la placa de Norteamérica y otra sobre la placa del Caribe. La línea divisoria es el recorrido mismo del río Motagua y su paralelo, el Polochic.
La placa de Norteamérica abarca entonces desde dichos ríos, o fallas, hasta el Norte. Incluyendo México y USA.
La placa del Caribe, en cambio, sólo cubre hasta Haití, la isla de Margarita, el norte de Colombia y hacia el océano Pacífico, tan poco como 50 kilómetros mar adentro, donde forma una profundísima y abrupta depresión geológica que llega más allá de los 5,000 metros de profundidad. Y allá, en el fondo, está una tercera placa: la de Cocos. La cual se extiende desde poco más o menos el estado de Guerrero, arriba de Acapulco, en México, hasta el Ecuador terrestre. Paralela casi a las costas centroamericanas.
Esta placa, sin embargo, es también solamente un pequeño fragmento entre la también pequeña placa del Caribe y la enorme placa del Pacífico propiamente.
De tal suerte, y de acuerdo a los estudios geológicos realizados, la placa del Pacífico presiona a la de Cocos contra la costa Centroamericana ubicada sobre la placa del Caribe.
Pero como hemos visto, la de Cocos se encuentra más de 5,000 metros debajo de la placa del Caribe, con lo que al ser empujada por la placa del Pacífico, se mete debajo de la placa del Caribe, como una cuña, y seguramente la levanta.
Y a ello entonces atribuyo el que el muelle de Ocós, en 1950, quedara en seco; y ahora, en 2007, nuevamente el área obtenga otros 300 metros lineales más de nueva playa. La tierra se ha levantado.
Por si fuese poco, como resultado del reciente terremoto registrado el 7 de noviembre de 2012 (epicentro fue ubicado a 24 kilómetros mar adentro de Champerico y azotó la distante y alta región de San Marcos cabecera), sobre la playa de Ocós, aún en plena arena seca, se formó una extensa grieta u hondonada. Por supuesto, duraría muy pocos días, pues estando ubicada tan a la orilla del mar, seguramente se habrá llenado ya de arena nuevamente. Pero se formó. Estuvo ahí. Hay fotografías.
Así, solo me queda confesar que a través de uno de los ingenieros en física del INSIVUMEH pretendí obtener ayuda para elaborar el presente, sin embargo, no fue posible, por lo que debo aclarar que lo expuesto es simplemente lo que pienso pudo haber sucedido para que Ocós ganara durante los últimos 60 años cerca de un kilómetro de tierra firme al mar. De hecho, sabemos que antaño Ocós era una bahía; seguramente, la extensa zona que vemos en la desembocadura del naranjo.
A continuación presento una serie de fotografías y mapas que describen o muestran cómo ha evolucionado la playa de Ocós a través de esos últimos años.
En esta observamos cómo seguramente era el puerto de Ocós en pleno 1900, cuando su muelle funcionaba con absoluta normalidad.

Luego, en 1938, esta era la forma en que quedó el puerto. Con el muelle, en amarillo, casi totalmente en seco.
La siguiente muestra a un grupo de entusiastas marquenses en las inmediaciones de los restos del muelle en mención. La fotografía corresponde a los finales de la década de 1950 o albores del 1960.
Así es como luce actualmente el municipio de Ocós, en el departamento de San Marcos, sobre la costa del océano Pacífico, en Guatemala, Centro América.
El propósito de escribir el presente ha sido, amén de dejar un testimonio de los hechos, proponer la investigación al respecto, pues en otro escrito que he publicado mencionó que un fenómeno similar pudo haber ocurrido sobre el golfo de México 2,000 años atrás, con lo que la barrera natural que retenía las aguas en la zona arqueológica de El Mirador, en las profundidades de la selva petenera, drenó con mayor facilidad y, por ende, se secó, y dejó sin el vital recurso a las poblaciones ahí asentadas.
Por cierto, en el ámbito de la arqueología se ha clasificado una cerámica precolombina identificada como tipo: Ocós, de la cual se han encontrado productos completos así como restos en sitios tan distantes como el mismo Mirador, en Petén, al igual que en poblaciones costeras de Colombia, tanto como a todo lo largo y ancho, a ambas orillas del estrecho. Esta cerámica posee un enorme reconocimiento, tanto por su fino acabado como por su singular material. Y se le adjudica como origen geográfico la región comprendida entre la desembocadura del río Naranjo, justo en Ocós, hasta el río Coatán, en Chiapas, Mx.
 Atentamente,
José Luis Elgueta Jegerlehner

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