viernes, 22 de febrero de 2013

El Tumbador, S. M. su historia: VII Parte

El Quetzal empezó a circular hasta en 1925, cuando fue creado por el gobierno de José María Orellana. 

En El Tumbador de 1915 resaltaban construcciones como la casa de esquina opuesta frente al actual mercado, donde ha funcionado desde muchísimo tiempo atrás una cantina popular. Esa es de las primeras casas construidas en el pueblo. De hecho, en su época de gloria fue sede del lujoso Hotel Central, que en sus postrimerías era propiedad de don Daniel Izaguirre.

¿Por qué lujoso? Bueno, durante esos años El Tumbador era centro de convergencia para una selecta sociedad de consumo en el país. Se ha mencionado incluso que hubo un viceconsulado alemán. Además, sabido es que habitaban el pueblo extranjeros y muchos de sus descendientes, quienes en conjunto formaban toda una sociedad de elite. Amén de las visitas de familiares o amigos o empleados que llegaban desde el Viejo Mundo a través de barcos de vapor que anclaban en el puerto de Ocós, transitaban en tren hasta Pajapita y luego, a lomo de caballo o de mula o en carreta, hasta el pueblo. Aunque antes de Ocós lo hacían desde Puerto Madero, en México.

Convivían en el área tres grupos sociales claramente identificados. Los extranjeros, mayoritariamente alemanes y españoles, aunque ya existían los Lam; los criollos o sus descendientes, como lo somos todos aquellos cuyo apellido no es indígena meramente, y los indígenas nativos entonces. 

Por supuesto, las entretenciones cotidianas eran la música: a través de las victrolas de 78 rpm, con agujas cual clavitos de 1/2 “ y sus discos de casi una libra de peso y grabados sólo por un lado, tal los CDs actuales, y la lectura: ya fuese literatura o periodística, con lo que amén de la diversidad literaria de la época, los ejemplares del ABC y Mundo Gráfico, revista popular ilustrada, ambos de España; seguramente Le Figaro y Le Petit Journal, franceses; El New York Times, de USA y, por supuesto, alemanes, como lo habrá sido el Frankfurter Zeitung, serían de obligada estancia en las amplias salas de las magníficas casas patronales de entonces.

Dada la importancia que significaba contar con alguna lectura y registro de los hechos, se acostumbraba también encuadernar varios ejemplares de estos periódicos o diarios, lo cual lo hacía en Quetzaltenango el impresor y encuadernador Carlos D. Suasnavar con dirección en 4ta Av. N. No. 53, de aquella ciudad.

Las noticias de estos diarios hacían mención mayoritariamente acerca de la Primera Guerra Mundial, la cual se libraba exclusivamente en territorios europeos. Y en mínima parte, sobre la revolución que en el vecino país lideraba “El Centauro del Norte”, Pancho Villa. Corrían los años 1915, aproximadamente.

El prólogo del traductor, Federico Climent Terrer, de la obra: Delanteros y zagueros, de Orison Swett Marden, sin fecha de edición ni impresión, pero de los albores de siglo, dice:

"En estos días de morbosa afición a los deportes atléticos que amenaza disipar las virtudes relacionadas con la literatura, la ciencia y el arte para sumir a la juventud en la idolátrica adoración de la fuerza bruta divorciada de la inteligencia y en acerba hostilidad contra el discernimiento, hijo predilecto de la razón, pudiera creerse a primera lectura que por su...." 

Continuará...

No hay comentarios:

Publicar un comentario